No respondió.
Veinte minutos después, íbamos en coche hacia la casa del abuelo.
Ninguno de los dos hablaba.
Mi imaginación empeoraba con cada kilómetro.
Cuando llegamos, el abuelo estaba esperándonos en la puerta.
En cuanto vio a papá, suspiró.
—Le pedí que todavía no te lo contara.
—¿Y de verdad pensabas que no lo haría?
El abuelo sonrió cansadamente.
Relación abuelo-nieto
—No. Supongo que no.
Me mantuve detrás de papá mientras entrábamos.
El abuelo caminó hacia el pasillo.
—Venid.
Esperaba que abriera la puerta de su dormitorio.
Pero pasó de largo.
Después abrió la puerta de una pequeña habitación situada en la parte trasera de la casa que había permanecido cerrada con llave desde que yo tenía memoria.
Me detuve.
Dentro había dos camas estrechas separadas.
Camas
Junto a la ventana había un gran telescopio.